"Pídeme lo que quieras, excepto información"

 

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January 12th, 2010

Casualidades que dan miedo

Pensaba en qué decir y por un momento recordé lo mucho que me gustaba leer lo que alguien me decía. El libro permanece como siempre en el cajón de la mesilla, aunque es cierto que hace años que no lo leo; y es que fueron muchos los años que lo leí sin parar.

Tal día como hoy hace tres años, un 12 de enero, escribí en este blog sobre aquel libro. Me he dado cuenta al buscar esas citas, que sabía que había compartido aquí, sin saber que fue un día como hoy, hace exactamente tres años.

Esta es una de esas casualidades que dan miedo.

Rilke, tronco, en qué cajón te habré metido dentro de tres años…

Joder.

December 29th, 2009

veinte cero nueve

Son muchos los puntos de inflexión definidos. Demasiados los proyectos iniciados; y un vergonzoso número de ellos que permanece inacabado.

Este año he aprendido principalmente una cosa: el deseo despierta instintos de posesión, y ello corrompe poco a poco lo que más quieres.

Esta semana es la transición hacia ese algo nuevo que me aguarda. En la otra orilla me espera aletargado un rincón de la mente que aún no puedo comprender con este cuerpo. Necesito 13 días más de reflexión, meditación y ejercicio.

Sincronizarme con el Sol no es sólo recuperar ese amor por la Luna. Es el origen de todo. Dejar de vivir tras las persianas, en lugar de arropar lo que debo en cada momento sin pensar en el frío ni en el tiempo. Y más ahora, que soy responsable de otro animal más pequeño.

Tengo mucho de lo que despojarme. Tengo que recapitular. Tengo mucho que cambiar, mucho que abandonar y otro tanto que recuperar.

Este ha sido el mejor año de mi vida. Sólo espero poder decir lo mismo cada año que sucede, como hasta ahora.

December 22nd, 2009

Un cuaderno en Nueva York (IV)

Manhattan está viva por dentro. Son pocas las calles sometidas a los temblores de su nefasta línea de metro, pero las importantes suelen vibrar desde las azoteas de sus enormes rascacielos hasta las alcantarillas contiguas a los túneles que atraviesan sus trenes. Esos que parecen estar a punto de desmoronarse.

Mientras escribo, Columbus Circle está a punto de despegar hacia el cielo. Como si la NASA tuviera un proyecto secreto y esta esquina de Central Park tuviera un mecanismo de acero.

Cada noventa segundos contados el suelo tiembla de nuevo.

Quizá esa sea la razón por la que nadie es capaz de pasar más de quince minutos sentado. El traqueteo del metro te recuerda que, por muy bien que estés en ese momento, algo maravilloso ocurre en otro lugar de la ciudad. Nadie parece estar dispuesto a perderse nada.

Columbus me obliga a pensar en ‘el Colón madrileño’. Poco que comparar; este es mucho más pequeño. La mejor de las esquinas del parque sin duda, con un algo que no sé explicar del todo.

Quizá sean las vistas a Broadway o a la 7ª Avenida. Quizás la luz y la vida que se quieren escapar por los callejones y los reflejos de una Times Square escondida.

Maravillas amarillas que surgen de una fuente incontinente. Temblores que salpican vidas y bombillas sumergidas.

December 4th, 2009

Cuarzo

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Llevaba dos años esperando esto.

December 1st, 2009

Ostracismo

Desde hace unas semanas, la ya extinta columna de Enric González ha sido la primera tostada del día para más de un directivo de Prisa. Estos, ahora más relajados desde que han colocado un buen pedazo de Digital Plus, han tenido que chuparse el dedo cada mañana (y pasar mejor las páginas, se entiende) para llegar hasta el rincón de González en la sección de Comunicación.

El secreto a voces que ha resultado ser su marcha a Oriente próximo, que comenzará en enero, convertía su columna de lunes a viernes en lo más parecido a una erupción en la cara para algunos de su periódico. Enric publicó ayer, para descanso de algunos, su última columna de opinión. Bajo el título ‘Lucro’ ha dejado la mejor de sus reflexiones para el final. Con pulso elegante y directo, como acostumbra.

El periodista de El País atendió amablemente la llamada de este periódico. Con un ánimo atascado, no ocultó su recientemente adquirida sensación de hastío por la escritura. Todo un titular para alguien que no sabe hacer otra cosa (ni falta que hace). Por el momento, González se limitará a descansar; hasta enero no partirá hacia su nuevo puesto. Una vez allí, mientras no encuentre residencia y fuentes nada se volverá a saber de su periodismo, algo que Enric calcula no tener resuelto antes de marzo. Y cuando llegue, será únicamente en forma de noticias; nunca más (de momento), como reflexiones. No comprende ni comparte la decisión de su periódico al dar cerrojazo a sus columnas, pero asegura no poder “molestarse por volver a una corresponsalía” ya que, al fin y al cabo, es lo que ha hecho “toda su vida”.

Su outro y despedida, ‘Lucro’, está escrito con la tinta que comercializan para las cartas al director. Como aquellas tribunas en las que uno se dirige a alguien, sin decir exactamente a quién,  y además de una forma con la que se enteren todos. Un recado en toda regla a las altas esferas, a los periodistas en general y el público en particular. Se dice que cuando alguien escribe una carta al director es porque la idea que plantea se cuece ya en miles de personas. En el caso de Enric González, esta leyenda se hacía realidad.

La sensación que este cese deja en algunos foros es semejante a la que provoca el cierre de un periódico. En el fuero interno, la sensación es la de otro toldo que cae, sobre una persiana ya cerrada, en alguna ventana que hace tiempo que no abre. “El periodismo será lo que nosotros queramos que sea” decía González al recibir el Premio Francisco Cerecedo. Ese ‘Nosotros’ ignoramos quiénes lo formarán. Lo que sí parece estar claro es que los que manejan las riendas hace tiempo que no buscan ni la verdad ni la libertad. De ahora en adelante los periodistas tendrán que tatuarse aquello de “Lo que no se puede decir, no se debe decir”, que ya adelantaba Larra. De esto hace casi doscientos años, mas nada cambia.

· Publicado en El Confidencial

November 28th, 2009

Doble sentido

Quise juntar el agua con aceite. Quizá por eso el fracaso es relativo, no porque fuera anunciado, sino porque una calle de un sólo sentido hacia el río también puede ser un callejón sin salida. Si no temes desembocar en el mar entonces da igual. Lo mismo si puedes volar. No es el caso. ¿Fracaso? Quizás.

Si nunca me han importado las críticas de los que no me importan sería más que oportuno reflexionar sobre la importancia que se le debería de dar a los halagos. Poco importa si están bien o mal fundados. Lo cierto es que empieza a ser agotador este disfraz de existencia. Ese que no se conforma con existir. Trabajar para poder trabajar es algo así como ahogarse para poder respirar. Esto, sumado a que cada vez se aleja más allá el castillo entre la nieve y que el coche cualquier día deja de funcionar. Y esta vez sé que nadie lo va a pagar.

Pasan las semanas más deprisa que los días. Pasan las sonrisas por delante de mi cara y sólo veo tormentas y envidias. Ignoro lo que las motiva. Esta es una profesión muy humana. Y esta raza es inmunda. Maldita evolución sobrevalorada.

He pensado en dejarlo. También he dejado de pensar. Hace tanto tiempo que nadie me salva la vida que empiezo a dudar de que quede algo interesante que merezca la pena salvar. Hace unos años las cosas se veían mal; pero salvar los vinilos parecía el mejor de los planes si esto se inundaba sin más. Ahora lo que quiero está muy lejos; inalcanzable (y ahora es el tiempo el que mide las distancias). En mis ratos libres ya no sé lo que quiero, y he descubierto esa impotencia subversiva fruto de hacer algo que está bien hasta que llega alguien y lo arruina. No son castillos de arena pero puede servir a modo de metonimia sencilla.

Tengo dos sueños a largo plazo y uno de ellos es imposible en vida. La pena de cumplir uno demasiado pronto es perder el sentido; eso y que las ganas que te impiden poner fin al tiempo entre tus caricias y ese sueño se vuelvan más y más fuertes; y más en estos momentos de la noche en los que la luz se resfría.

November 18th, 2009

Un cuaderno en Nueva York (III)

Son muchos los neoyorquinos que corren. Poco o nada tienen que ver los habitantes de esta ciudad con los demás estadounidenses que pude conocer fuera de ella.

Me llaman especialmente la atención los corredores de Central Park. Resulta como si siempre estuvieran allí. Uno entra y sale del parque, pero nunca se les ve entrar y salir mientras uno lo hace. Forman parte de él parque, como las ardillas y los mapaches…

Las carreteras cercenan el parque. Te hacen imposible olvidar que, aunque entre los árboles, sigues en una gran ciudad. Estos caminos negros están preparados para coches y bicis, pero todos han ascendido en la escala.

Los corredores corren por el carril bici, las bicis pasan todo el medio (por donde deberían conducir los coches) y, los coches, han desaparecido en el aire. Como el De Lorean.

Corredores y ciclistas parecen huir de algo. Todos en la misma dirección. Imposible no mirar detrás, por si acaso huyeran de algo de verdad de lo que tú aún no te has percatado…

Puede que intenten escapar de los puestos de comida que abarrotan las calles y se hacinan en las esquinas. Quizá por eso no salen del parque. No encuentran la salida.

November 6th, 2009

ADN.es no ha cerrado

No entiendo el interés que siguen teniendo en lanzar informaciones que son a todas luces falsas como que ADN.es ha cerrado. No ha cerrado en ningún momento, ni su versión online [que sigue creciendo en usuarios] ni su versión impresa. Muchas gracias y esperamos que rectifiquen esta información.

Alias33 (un lector, a propósito de esta opinión)

November 3rd, 2009

Día 1 (de novictubre)

Tengo una conciencia cojonera seseando detrás de la oreja. Te despiertas, te duchas, te vistes y te vas… pero cuando vuelves a la cama y apagas la luz, ahí está. No me deja en paz.

No tengo la culpa de nada de lo que te haces, pero me culpas. Y los demás, de tanto oírte, me culpan. Y al final, de tanto sesear, surgen las dudas. Brotes verdes en la escayola. “Igual sí que es tu culpa”. Suena en todas mis emisoras. Próximamente, en las mejores nucas.

Mas nunca. Y más, nunca. Se acabó. Cada vida que tocas se arruga por dentro. Me muerdo las uñas de todos los dedos mientras sesea la náusea. Es lo que soy y lo siento.

Todas las voces me llaman desde sus ventanas. Es para que las salve mientras entre ellas se matan. Las habitaciones son contiguas, las paredes finas y los cristales tienen etiquetas con sellos del Estado. Y aunque yo no he estado en ninguna de ellas, son finas las tejas que tapan sus adentros.

Yo no le he hecho nada malo a nadie y todos quieren que resuelva sus vidas. ¿Quién resuelve la mía? Dime. ¿Quién me quiere a escondidas?

Todo vuelve y todo es mentira.

Caminar misterioso y triste. Un cuerpo se deja llevar por el aire, y sus zapatos resbalaban en la baba de los adoquines. Hoy el mar suena hasta en los caracoles con tomate. La lluvia facilitaba su inercia, pero empapa los pasos y los hace más pesados que la propia existencia. Suerte que pronto se podrá dejar de andar para empezar a nadar.

Lo más sano que se ha hecho en la vida ha sido fumar en el parque. Deportes… sólo los del placer. Y para más inri hacerlos por deporte y sin ganas de querer.

Por lo que al mundo respecta, sólo se escribe. Se hace cuando se puede. Mas nunca se debe decir sobre qué.

October 11th, 2009

Un cuaderno en Nueva York (II)

¿Sabéis qué son esos números?

-Mmmmm… Sí. Presumíblemente son los soldados que están muriendo en Irak.

- No, venga. En serio.

- ¿En serio? Son las hamburguesas que se están comiendo en el mundo a tiempo real.

- Nadie lo sabe por lo que veo.

- Puede que sea una suma de las dos cosas: los muertos en Irak y las hamburguesas que se están haciendo en el mundo. Puede que haya alguna relación en eso.

En tres ocasiones preguntamos a pie de calle el significado de esos números que bailaban arriba y abajo por los extremos de una pantalla iluminada en Unión Square, en Manhattan.

Nadie lo sabía.

Las únicas respuestas que conseguí fueron las que os presentó ahí arriba, las cuales nos las regalaron una sonriente pareja un tanto bebida, que por lo que se deduce no se sienten muy americanos.

Los números que se mueven en esa pared son parte de la obra ‘Metrónomo‘. Un reloj que desde 1999 mide el tiempo que ha pasado desde media noche, y el tiempo que queda hasta la siguiente.

Miles de neoyorquinos pasan bajo esos número preguntándose qué será lo que significan.