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Cajón desastre

Abril

Hace un mes que no escribo.

Pues eso.

Leer al caminar

Madrid, Dublín, Nueva York y Tokyo. Lugares comunes como lo puedan ser el viento, la lluvia o el tiempo. Lugares de los que no se puede escapar. Ahora hoy, era plenamente consciente de la existencia de músicos tan celebérrimos que eran musa e inspiración para otros músicos; pero poco más. Sabía también de un tipo de periodismo que casi nadie puede llegar a apreciar si no se es periodista. Lo que de un tiempo a esta parte temía profundamente era encontrar también escritores que sólo pudieran sentirse de verdad cuando se escribe por necesidad. Ahora temo haberlo encontrado.

Ayer me daba dos besos de despedida y un ligero abrazo a las puertas del pub irlandés James Joice de la calle de Alcalá. Llegar allí fue pura casualidad no planeada. Regresar a casa leyendo mientras caminaba fue, por otra parte, una casualidad más que deseada, aunque no muy afinada al ser tan de noche.

Caminar al leer o leer al caminar implica dos cosas: una, tener casi toda tu mente concentrada en las líneas mientras se mantiene la menor parte posible, pero siempre la suficiente, en los obstáculos y el atrezo urbano; y dos, en caso de hacerlo de noche, buscar las aceras mejor iluminadas; algo irónico cuando en realidad llevas toda la vida buscando los mejores y más oscuros callejones. Esos que te llevan cuanto antes a casa.

Una parte de mí hubiera preferido caminar deprisa y llegar lo antes posible para poder leer tranquilamente en la cama. Quizá esa parte no contaba con que al llegar seguramente brotaría de nuevo el deseo de escribir.

Suerte que cada día presto más atención a esa parte de mí que opta por cambiar las pequeñeces sin importancia y se centra en las palabras que de verdad merecen la pena leer. Suerte que cada día pierdo un poco más el miedo a escribir y descrubir, cuando tecleo el punto final, que todo eso que quería decir lo hubiera preferido leer de otros dedos que no fuesen los míos.

Suerte que hoy leí al caminar.

Chun-li

Hoy he bajado al parque con Chun y la cámara de fotos. Ha sido divertido.

Tuberías

Te golpeas un dedo del pie con el quicio de la puerta y        lo pagas con quien no debes. Te miras al espejo de perfil mientras sujetas tu barriga. Te           prometes hacer ejercicio mientras masticas algo que calme el hambre. Oyes el móvil. Alguien       que te quiere te necesita pero sólo quieres estar solo. Deseas algo de alguien que no puede         darte ni podrá darte. Recuerdas ese día en el que mentiste a quien no debías y ahora         la verdad no es en absoluto como imaginaste que seria cuando te prometiste que lo        contarías. Hablas solo. Hace meses que no escuchas. Barres bajo la alfombra. Tiras las          migas al suelo. Te vistes sin ganas mientras miras el montón de ropa que sabes que debes          ordenar. Nunca encuentras tiempo. Te odias por no conseguir nada de lo que deberías        mientras vives feliz por haber conseguido lo único que querías. Escribes cuando nadie mira       pensando en lo feliz que te haría que lo vieran todos. Suspiras por dentro. Te arropas el alma    .      Miras el móvil cuando no suena. Miras la hora; ni puta idea de lo que queda. Pasa el     tiempo     . Tú también pasas. Llega un momento en el que te percatas de que habías olvidado algo pero decides volver a olvidarlo porque en el fondo del todo está ese algo que te la suda. Vuelves a pensar en ello. Vuelve ese odio que te atormenta. Notas ese ardor de estómago. Escuchas ruido ahí fuera. Te mantienes dentro. Te acuestas. El dedo ya no duele tanto. Se calma el tiempo y se calman las horas. Ahora todo es negro. Duermes. Despiertas. Recuerdas lo que olvidaste. Sabes que ya jamás podrás olvidarlo de nuevo. Tienes el dedo morado porque ayer te golpeaste. No te importa. Te duchas. Te secas. Te vistes. Comes algo. Coges las llaves y te largas en coche. Conduces rápido porque sabes adonde vas. La carga sigue contigo. No puedes dejar de escapar y sigues. Escribes. Vuelves a descansar. El agua resbala fría entre los dedos. Te gusta ese líquido. Sin más. Se mantiene contigo mientras huye y corre. Recuerdas esa sonrisa. El sentido regresa a su punto de origen. El dedo del pie es un poco más fuerte. Esperas que alguien reaccione. Sabes que no te gustará que te pregunten por ello. Silencio. Goteras. Óxido. Hierros. Escarcha. La cursiva es femenina.

¿Sabes? Dicen que es bueno tomar el aire. No todo puede ser agua. Tú verías.

Casualidades que dan miedo

Pensaba en qué decir y por un momento recordé lo mucho que me gustaba leer lo que alguien me decía. El libro permanece como siempre en el cajón de la mesilla, aunque es cierto que hace años que no lo leo; y es que fueron muchos los años que lo leí sin parar.

Tal día como hoy hace tres años, un 12 de enero, escribí en este blog sobre aquel libro. Me he dado cuenta al buscar esas citas, que sabía que había compartido aquí, sin saber que fue un día como hoy, hace exactamente tres años.

Esta es una de esas casualidades que dan miedo.

Rilke, tronco, en qué cajón te habré metido dentro de tres años…

Joder.

veinte cero nueve

Son muchos los puntos de inflexión definidos. Demasiados los proyectos iniciados; y un vergonzoso número de ellos que permanece inacabado.

Este año he aprendido principalmente una cosa: el deseo despierta instintos de posesión, y ello corrompe poco a poco lo que más quieres.

Esta semana es la transición hacia ese algo nuevo que me aguarda. En la otra orilla me espera aletargado un rincón de la mente que aún no puedo comprender con este cuerpo. Necesito 13 días más de reflexión, meditación y ejercicio.

Sincronizarme con el Sol no es sólo recuperar ese amor por la Luna. Es el origen de todo. Dejar de vivir tras las persianas, en lugar de arropar lo que debo en cada momento sin pensar en el frío ni en el tiempo. Y más ahora, que soy responsable de otro animal más pequeño.

Tengo mucho de lo que despojarme. Tengo que recapitular. Tengo mucho que cambiar, mucho que abandonar y otro tanto que recuperar.

Este ha sido el mejor año de mi vida. Sólo espero poder decir lo mismo cada año que sucede, como hasta ahora.

Cuarzo

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Llevaba dos años esperando esto.

Doble sentido

Quise juntar el agua con aceite. Quizá por eso el fracaso es relativo, no porque fuera anunciado, sino porque una calle de un sólo sentido hacia el río también puede ser un callejón sin salida. Si no temes desembocar en el mar entonces da igual. Lo mismo si puedes volar. No es el caso. ¿Fracaso? Quizás.

Si nunca me han importado las críticas de los que no me importan sería más que oportuno reflexionar sobre la importancia que se le debería de dar a los halagos. Poco importa si están bien o mal fundados. Lo cierto es que empieza a ser agotador este disfraz de existencia. Ese que no se conforma con existir. Trabajar para poder trabajar es algo así como ahogarse para poder respirar. Esto, sumado a que cada vez se aleja más allá el castillo entre la nieve y que el coche cualquier día deja de funcionar. Y esta vez sé que nadie lo va a pagar.

Pasan las semanas más deprisa que los días. Pasan las sonrisas por delante de mi cara y sólo veo tormentas y envidias. Ignoro lo que las motiva. Esta es una profesión muy humana. Y esta raza es inmunda. Maldita evolución sobrevalorada.

He pensado en dejarlo. También he dejado de pensar. Hace tanto tiempo que nadie me salva la vida que empiezo a dudar de que quede algo interesante que merezca la pena salvar. Hace unos años las cosas se veían mal; pero salvar los vinilos parecía el mejor de los planes si esto se inundaba sin más. Ahora lo que quiero está muy lejos; inalcanzable (y ahora es el tiempo el que mide las distancias). En mis ratos libres ya no sé lo que quiero, y he descubierto esa impotencia subversiva fruto de hacer algo que está bien hasta que llega alguien y lo arruina. No son castillos de arena pero puede servir a modo de metonimia sencilla.

Tengo dos sueños a largo plazo y uno de ellos es imposible en vida. La pena de cumplir uno demasiado pronto es perder el sentido; eso y que las ganas que te impiden poner fin al tiempo entre tus caricias y ese sueño se vuelvan más y más fuertes; y más en estos momentos de la noche en los que la luz se resfría.

Día 1 (de novictubre)

Tengo una conciencia cojonera seseando detrás de la oreja. Te despiertas, te duchas, te vistes y te vas… pero cuando vuelves a la cama y apagas la luz, ahí está. No me deja en paz.

No tengo la culpa de nada de lo que te haces, pero me culpas. Y los demás, de tanto oírte, me culpan. Y al final, de tanto sesear, surgen las dudas. Brotes verdes en la escayola. “Igual sí que es tu culpa”. Suena en todas mis emisoras. Próximamente, en las mejores nucas.

Mas nunca. Y más, nunca. Se acabó. Cada vida que tocas se arruga por dentro. Me muerdo las uñas de todos los dedos mientras sesea la náusea. Es lo que soy y lo siento.

Todas las voces me llaman desde sus ventanas. Es para que las salve mientras entre ellas se matan. Las habitaciones son contiguas, las paredes finas y los cristales tienen etiquetas con sellos del Estado. Y aunque yo no he estado en ninguna de ellas, son finas las tejas que tapan sus adentros.

Yo no le he hecho nada malo a nadie y todos quieren que resuelva sus vidas. ¿Quién resuelve la mía? Dime. ¿Quién me quiere a escondidas?

Todo vuelve y todo es mentira.

Caminar misterioso y triste. Un cuerpo se deja llevar por el aire, y sus zapatos resbalaban en la baba de los adoquines. Hoy el mar suena hasta en los caracoles con tomate. La lluvia facilitaba su inercia, pero empapa los pasos y los hace más pesados que la propia existencia. Suerte que pronto se podrá dejar de andar para empezar a nadar.

Lo más sano que se ha hecho en la vida ha sido fumar en el parque. Deportes… sólo los del placer. Y para más inri hacerlos por deporte y sin ganas de querer.

Por lo que al mundo respecta, sólo se escribe. Se hace cuando se puede. Mas nunca se debe decir sobre qué.

Ahogado y atado; agotado

Me da igual. Después de todos los estadios del duelo he llegado a la aceptación y ya no importa; cero. Como a casi todo lo que no alcanzo, me limito a cruzar de lado sin pararme a mirar. Dos pasos por detrás me empujan y un coche de frente acelera, mas los pasos en esta acera parecen globos sin gas. Intenta pincharlos; te vas a hartar.

Prometes y prometo. Esta noche de tarrina ha sido helado de viento. Las palabras escondidas se quedaron sumergidas a dormir en tus adentros. Si quieres hablar conmigo eso es exactamente lo que vas a tener que hacer: hablar conmigo.

Poco más que decir. No quiero tener que entender. No quiero nada, ni quiero volver a querer.

Sólo quiero ir, terminar y volver. Quiero reír al salir y así saber con certeza que no es tan duro el regreso, si es que de verdad vuelvo, o revuelvo.

Hazme un favor mientras cruzo. Limítate a ser feliz. Por mí ya no hagas más nada. Tengo dos tramos y un fin. Soñando con catalejos; y yo tan cerca de ti. El infierno debe ser eso. Espejos, besos, carmín…

“Mi paraíso es lo más parecido a piedras Shankara. ¿Dónde estarán enterradas? Hiedra nos separa”.