"Pídeme lo que quieras, excepto información"

 

August 2009
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Archive for August, 2009

Ahogado y atado; agotado

Me da igual. Después de todos los estadios del duelo he llegado a la aceptación y ya no importa; cero. Como a casi todo lo que no alcanzo, me limito a cruzar de lado sin pararme a mirar. Dos pasos por detrás me empujan y un coche de frente acelera, mas los pasos en esta acera parecen globos sin gas. Intenta pincharlos; te vas a hartar.

Prometes y prometo. Esta noche de tarrina ha sido helado de viento. Las palabras escondidas se quedaron sumergidas a dormir en tus adentros. Si quieres hablar conmigo eso es exactamente lo que vas a tener que hacer: hablar conmigo.

Poco más que decir. No quiero tener que entender. No quiero nada, ni quiero volver a querer.

Sólo quiero ir, terminar y volver. Quiero reír al salir y así saber con certeza que no es tan duro el regreso, si es que de verdad vuelvo, o revuelvo.

Hazme un favor mientras cruzo. Limítate a ser feliz. Por mí ya no hagas más nada. Tengo dos tramos y un fin. Soñando con catalejos; y yo tan cerca de ti. El infierno debe ser eso. Espejos, besos, carmín…

“Mi paraíso es lo más parecido a piedras Shankara. ¿Dónde estarán enterradas? Hiedra nos separa”.

espada – hombre – cielo

Tengo. Unas veces faltan, otras veces sobran palabras. Ya me habré ido para cuando me abras. Verte sonreír sin que me mires me mata. Por muy feliz que seas y por mucho que lo ignores. Algo raro pasa en nuestra casa.

Ni me miras cuando llego ni te miro cuando marchas. Forzamos la máquina del eterno intento. “Una vida extra”, dices que te tengo. “Pero es la última vida de la partida. Nada hay luego”.

Mientras, tengo que llevar a cabo algunos proyectos. Tengo fe en el café y en la bendita luz solar, pero miro al cielo sin pensar y solo veo un techo triste. El que no alcanzo con los dedos mientras otro miedo me advierte de que se van a quemar. Lo haran cuando palpen que no viniste ni quisiste. Tengo las azoteas como salinas en el mar, saladas de llorar.

No ves el daño hecho. Pasaste una mano por tu pecho y tu rostro cambió sin más. Me quedé como un idiota mirando. Los patos y las palomas dicen venir a echarme pan. Tengo una pelusa blanca con collar que huele mi infierno desde dentro, suerte que nadie puede verlo. Qué más da.

Hay alguien en tu sitio pero no estás tú. Hay algo que me habla pero no son tus labios. La sonrisa, fingida. La miel, en los párpados. No me alegro de nada de lo que creas que me alegro.

¿Recuerdas lo que dijiste? Leí tres veces tú carta. Leí dos mil veces más la palabra tachada. No somos lo que quieres pero sí lo que querrías. ¿Querrías decirle a mis labios qué quieres que te digan?

Me gusta cuando callas porque todo duele menos sin palabras.

“Mi ego cabalga tras la victoria en el páramo y todo lo que escucha es silencio”.