"Pídeme lo que quieras, excepto información"

 

December 2009
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Archive for December, 2009

veinte cero nueve

Son muchos los puntos de inflexión definidos. Demasiados los proyectos iniciados; y un vergonzoso número de ellos que permanece inacabado.

Este año he aprendido principalmente una cosa: el deseo despierta instintos de posesión, y ello corrompe poco a poco lo que más quieres.

Esta semana es la transición hacia ese algo nuevo que me aguarda. En la otra orilla me espera aletargado un rincón de la mente que aún no puedo comprender con este cuerpo. Necesito 13 días más de reflexión, meditación y ejercicio.

Sincronizarme con el Sol no es sólo recuperar ese amor por la Luna. Es el origen de todo. Dejar de vivir tras las persianas, en lugar de arropar lo que debo en cada momento sin pensar en el frío ni en el tiempo. Y más ahora, que soy responsable de otro animal más pequeño.

Tengo mucho de lo que despojarme. Tengo que recapitular. Tengo mucho que cambiar, mucho que abandonar y otro tanto que recuperar.

Este ha sido el mejor año de mi vida. Sólo espero poder decir lo mismo cada año que sucede, como hasta ahora.

Un cuaderno en Nueva York (IV)

Manhattan está viva por dentro. Son pocas las calles sometidas a los temblores de su nefasta línea de metro, pero las importantes suelen vibrar desde las azoteas de sus enormes rascacielos hasta las alcantarillas contiguas a los túneles que atraviesan sus trenes. Esos que parecen estar a punto de desmoronarse.

Mientras escribo, Columbus Circle está a punto de despegar hacia el cielo. Como si la NASA tuviera un proyecto secreto y esta esquina de Central Park tuviera un mecanismo de acero.

Cada noventa segundos contados el suelo tiembla de nuevo.

Quizá esa sea la razón por la que nadie es capaz de pasar más de quince minutos sentado. El traqueteo del metro te recuerda que, por muy bien que estés en ese momento, algo maravilloso ocurre en otro lugar de la ciudad. Nadie parece estar dispuesto a perderse nada.

Columbus me obliga a pensar en ‘el Colón madrileño’. Poco que comparar; este es mucho más pequeño. La mejor de las esquinas del parque sin duda, con un algo que no sé explicar del todo.

Quizá sean las vistas a Broadway o a la 7ª Avenida. Quizás la luz y la vida que se quieren escapar por los callejones y los reflejos de una Times Square escondida.

Maravillas amarillas que surgen de una fuente incontinente. Temblores que salpican vidas y bombillas sumergidas.

Cuarzo

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Llevaba dos años esperando esto.

Ostracismo

Desde hace unas semanas, la ya extinta columna de Enric González ha sido la primera tostada del día para más de un directivo de Prisa. Estos, ahora más relajados desde que han colocado un buen pedazo de Digital Plus, han tenido que chuparse el dedo cada mañana (y pasar mejor las páginas, se entiende) para llegar hasta el rincón de González en la sección de Comunicación.

El secreto a voces que ha resultado ser su marcha a Oriente próximo, que comenzará en enero, convertía su columna de lunes a viernes en lo más parecido a una erupción en la cara para algunos de su periódico. Enric publicó ayer, para descanso de algunos, su última columna de opinión. Bajo el título ‘Lucro’ ha dejado la mejor de sus reflexiones para el final. Con pulso elegante y directo, como acostumbra.

El periodista de El País atendió amablemente la llamada de este periódico. Con un ánimo atascado, no ocultó su recientemente adquirida sensación de hastío por la escritura. Todo un titular para alguien que no sabe hacer otra cosa (ni falta que hace). Por el momento, González se limitará a descansar; hasta enero no partirá hacia su nuevo puesto. Una vez allí, mientras no encuentre residencia y fuentes nada se volverá a saber de su periodismo, algo que Enric calcula no tener resuelto antes de marzo. Y cuando llegue, será únicamente en forma de noticias; nunca más (de momento), como reflexiones. No comprende ni comparte la decisión de su periódico al dar cerrojazo a sus columnas, pero asegura no poder “molestarse por volver a una corresponsalía” ya que, al fin y al cabo, es lo que ha hecho “toda su vida”.

Su outro y despedida, ‘Lucro’, está escrito con la tinta que comercializan para las cartas al director. Como aquellas tribunas en las que uno se dirige a alguien, sin decir exactamente a quién,  y además de una forma con la que se enteren todos. Un recado en toda regla a las altas esferas, a los periodistas en general y el público en particular. Se dice que cuando alguien escribe una carta al director es porque la idea que plantea se cuece ya en miles de personas. En el caso de Enric González, esta leyenda se hacía realidad.

La sensación que este cese deja en algunos foros es semejante a la que provoca el cierre de un periódico. En el fuero interno, la sensación es la de otro toldo que cae, sobre una persiana ya cerrada, en alguna ventana que hace tiempo que no abre. “El periodismo será lo que nosotros queramos que sea” decía González al recibir el Premio Francisco Cerecedo. Ese ‘Nosotros’ ignoramos quiénes lo formarán. Lo que sí parece estar claro es que los que manejan las riendas hace tiempo que no buscan ni la verdad ni la libertad. De ahora en adelante los periodistas tendrán que tatuarse aquello de “Lo que no se puede decir, no se debe decir”, que ya adelantaba Larra. De esto hace casi doscientos años, mas nada cambia.

· Publicado en El Confidencial