Leer al caminar
Madrid, Dublín, Nueva York y Tokyo. Lugares comunes como lo puedan ser el viento, la lluvia o el tiempo. Lugares de los que no se puede escapar. Ahora hoy, era plenamente consciente de la existencia de músicos tan celebérrimos que eran musa e inspiración para otros músicos; pero poco más. Sabía también de un tipo de periodismo que casi nadie puede llegar a apreciar si no se es periodista. Lo que de un tiempo a esta parte temía profundamente era encontrar también escritores que sólo pudieran sentirse de verdad cuando se escribe por necesidad. Ahora temo haberlo encontrado.
Ayer me daba dos besos de despedida y un ligero abrazo a las puertas del pub irlandés James Joice de la calle de Alcalá. Llegar allí fue pura casualidad no planeada. Regresar a casa leyendo mientras caminaba fue, por otra parte, una casualidad más que deseada, aunque no muy afinada al ser tan de noche.
Caminar al leer o leer al caminar implica dos cosas: una, tener casi toda tu mente concentrada en las líneas mientras se mantiene la menor parte posible, pero siempre la suficiente, en los obstáculos y el atrezo urbano; y dos, en caso de hacerlo de noche, buscar las aceras mejor iluminadas; algo irónico cuando en realidad llevas toda la vida buscando los mejores y más oscuros callejones. Esos que te llevan cuanto antes a casa.
Una parte de mí hubiera preferido caminar deprisa y llegar lo antes posible para poder leer tranquilamente en la cama. Quizá esa parte no contaba con que al llegar seguramente brotaría de nuevo el deseo de escribir.
Suerte que cada día presto más atención a esa parte de mí que opta por cambiar las pequeñeces sin importancia y se centra en las palabras que de verdad merecen la pena leer. Suerte que cada día pierdo un poco más el miedo a escribir y descrubir, cuando tecleo el punto final, que todo eso que quería decir lo hubiera preferido leer de otros dedos que no fuesen los míos.
Suerte que hoy leí al caminar.
Posted: March 24th, 2010 under Cajón desastre.
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