Un cuaderno en Nueva York (IV)

Manhattan está viva por dentro. Son pocas las calles sometidas a los temblores de su nefasta línea de metro, pero las importantes suelen vibrar desde las azoteas de sus enormes rascacielos hasta las alcantarillas contiguas a los túneles que atraviesan sus trenes. Esos que parecen estar a punto de desmoronarse.
Mientras escribo, Columbus Circle está a punto de despegar hacia el cielo. Como si la NASA tuviera un proyecto secreto y esta esquina de Central Park tuviera un mecanismo de acero.
Cada noventa segundos contados el suelo tiembla de nuevo.
Quizá esa sea la razón por la que nadie es capaz de pasar más de quince minutos sentado. El traqueteo del metro te recuerda que, por muy bien que estés en ese momento, algo maravilloso ocurre en otro lugar de la ciudad. Nadie parece estar dispuesto a perderse nada.
Columbus me obliga a pensar en ‘el Colón madrileño’. Poco que comparar; este es mucho más pequeño. La mejor de las esquinas del parque sin duda, con un algo que no sé explicar del todo.
Quizá sean las vistas a Broadway o a la 7ª Avenida. Quizás la luz y la vida que se quieren escapar por los callejones y los reflejos de una Times Square escondida.
Maravillas amarillas que surgen de una fuente incontinente. Temblores que salpican vidas y bombillas sumergidas.
Posted: December 22nd, 2009 under un cuaderno en Nueva York.
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